De la Luna al Sol: Tu viaje cósmico del héroe

Todo el mundo aspira a realizarse. El deseo de beber las mieles del éxito y coronarse de laureles es inherente a cualquier humano. Por lo menos a todo ser humano que ha satisfecho sus necesidades más básicas.

El prestigio y la autorrealización se encuentran en la parte más elevada de la pirámide de las necesidades que propone Abraham Maslow. Obviamente, si nuestras circunstancias son difíciles y no tenemos qué llevarnos a la boca o dónde dormir en la noche, la prioridad inmediata es otra muy distinta que tiene más que ver con la pura supervivencia.

Pero supongamos que gozamos de buena salud, que tenemos el sustento asegurado y que nos sentimos queridos y apreciados por la gente que nos importa. Entonces, el deseo de lograr algo en la vida será acuciante y la palabra propósito comenzará a cobrar fuerza en nuestra mente.

Bajo mi punto de vista, el proceso de realización se divide en dos grandes etapas:

  • En la primera de ellas nos ocupamos de esas necesidades que conforman la parte inferior de la jerarquía propuesta por Maslow. Estos aspectos, simbólicamente, se relacionan con la función lunar. Y si los contemplamos desde una perspectiva de desarrollo personal nos percatamos de que tienen que ver con aprender a gestionar rutinas, emociones y creencias.

  • La segunda gran etapa equivale a la parte más elevada de la pirámide y nos habla de éxito y propósito, de cómo lograr hacer brillar esa luz (Sol) que todos llevamos dentro.

Así que en última instancia, el proceso del que hablamos consiste en una travesía de la Luna al Sol, una suerte de ‘viaje cósmico del héroe’, que en cierto modo, se asemeja a la ambiciosa empresa de la que nos habla Joseph Campbell en su obra «El héroe de las mil caras», y que no es otra cosa que una bella alegoría al proceso de individuación.

Conectar con la Luna

Para entender bien las etapas de este viaje cósmico del héroe, podemos profundizar en el significado simbólico de las dos luminarias (Luna y Sol)

Y comenzamos en la Luna, que representa la herencia ancestral. Porque sí, heredamos rasgos físicos y temperamentales de nuestros antepasados, pero tal y como demuestran los últimos estudios en epigenética (ver el artículo sobre la herida de la bruja), las experiencias traumáticas vividas por ellos también pueden dejar su impronta en nosotros. Y de todo esto nos habla la función lunar.

También hace referencia a cómo fue la relación más importante de tu vida: la que tuviste con tu madre. A través de ella aprendiste a relacionarte y formar vínculos y, por lo tanto, generaste un apego sano o insano que servirá como modelo a tus futuras interacciones.

La Luna nos habla de tus emociones y tus necesidades. Explica por qué sientes cómo sientes y qué te hace falta para sentirte segura y amada. Y por ende, nos habla también de tus miedos y de aquello que te provoca inseguridad.

La cercanía de su ciclo, que es rápido (29 días) y visible a simple vista, inspira nuestros hábitos y rutinas (incluyendo la nutrición). Un aspecto fundamental si queremos lograr el éxito en la vida.

Además, la Luna nos remite a la infancia, esa primera etapa en la que adoptaste una serie de creencias, promovidas por tu entorno, que probablemente ahora operan en ti a un nivel inconsciente.

Básicamente la Luna representa los hábitos, la gestión emocional y las creencias limitantes. Y hasta que no hagamos un trabajo de toma de conciencia y superación en este nivel, cualquier esfuerzo por alcanzar nuestra llamada resultará infructuoso. Si es que directamente llega a producirse dicha llamada.

Hacer brillar tu Sol

Una vez hemos empezado a trabajar nuestra Luna, la exigencia de hacer brillar el Sol se vuelve más y más fuerte. Recuerda: Todo ser humano que tiene sus necesidades básicas cubiertas, aspira a la autorrealización, a lograr algo importante en esta vida, a cumplir su propósito.

En esta etapa, nos identificamos con el héroe referido por Joseph Campbell. Así, por fin aceptamos la llamada y asumimos el reto de iniciar el viaje.

Y es que la comodidad del mundo ordinario, el miedo a lo desconocido y esa querencia a la zona de confort quedaron en la etapa lunar. Una vez tomamos la decisión salir al encuentro del Sol, ya no hay marcha atrás…

De este modo, cuando comencemos a caminar, aparecerán lecciones y maestros en nuestra ruta y nos sentiremos más seguros para cruzar el umbral e iniciar ese proceso alquímico del que no saldremos siendo la misma persona.

Pero el viaje no está exento de peligros… por lo que a medida que vamos avanzando, encontraremos obstáculos y enemigos, aunque también aliados que nos ofrecerán su valiosa ayuda.

Así, poco a poco se acerca el momento decisivo y llega el momento decisivo, en el que debemos demostrar nuestra valía. No es algo fácil, pero si lo conseguimos, aguarda la recompensa del elixir. Y merece la pena… En el fondo, ¡iniciamos la hazaña para ello!

Pero el viaje no termina entonces, porque el héroe aún debe regresar y superar nuevos retos en el camino de vuelta. Una vez haya completado su retorno, podrá compartir el anhelado premio, el elixir, con sus semejantes.

Así concluye el viaje del héroe y en él, Joseph Campbell nos desvela el ingrediente secreto del propósito, que no es otro que la contribución.

Si el héroe no regresa y comparte el elixir, el viaje no ha terminado. Si no utilizas tus dones y talentos únicos y los pones al servicio de la Humanidad, estás tirando un tesoro por la borda.

Al final, como en todo, la decisión es tuya.

Tú eliges si deseas resolver tus necesidades emocionales, mejorar tus hábitos y trabajar tus creencias… Está en tus manos salir al encuentro del elixir enfrentándote a tus miedos y desarrollando tu potencial. Pero ten claro que si no escuchas tu llamada estás siendo egoísta, estás privando al mundo de eso tan único y especial que solamente tú puedes descubrir y compartir… El viaje del héroe cósmico es, en última instancia, un camino de servicio.

¿En qué etapa crees que te encuentras? ¿Has salido ya a la búsqueda del elixir?

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