La empatía es la capacidad que tenemos para saber lo que otras personas están sintiendo y pensando, gracias a la lectura de su lenguaje corporal, expresiones faciales y microexpresiones.
La habilidad para empatizar nos permite conectar con los otros y responder de forma adecuada en situaciones sociales. Además, favorece la solidaridad, la cooperación y la compasión, y te entrena para aprender a regular tus propias emociones.
La contrapartida si eres una mujer empática, en cambio, puede traducirse en tener más facilidad para agotarte física y emocionalmente, experimentar cierta tendencia hacia las emociones negativas y encontrar dificultad para poner límites, lo que te convierte en la víctima potencial de personas narcisistas.
En cualquier caso, puedes aprender a regular tu empatía para no tener que pagar un coste por tu conexión sincera con los demás.
Empatía fácil versus difícil
La diseñadora de video juegos y autora Jane McGonigal explica en su libro Imaginable, que podemos diferenciar entre dos tipos de empatía: fácil y difícil.
La empatía fácil se da cuando eres capaz de ponerte en la piel de alguien que está pasando por una experiencia que tú ya has vivido. Como se trata de algo que conoces, te resulta relativamente sencillo imaginar cómo se siente y qué puede estar pensando esa persona.
La empatía difícil, en cambio, se produce cuando te pones en los zapatos de una persona que está experimentando algo por lo que tú nunca has pasado. En realidad, nunca te has visto en esa situación, pero tratas de imaginar cómo puede sentirse esa persona y qué ideas se le pasan por la cabeza. Obviamente, este ejercicio de empatía es más complicado porque entras en terreno desconocido para ti.
McGonigal nos aconseja practicar la empatía difícil de la siguiente manera: Elige una historia en un periódico, revista, serie… que haga referencia a una situación que te es completamente ajena y nunca has vivido. Después, imagina cómo sería pasar por esa experiencia, qué impacto tendría en tu rutina, cómo cambiaría tu vida, cómo te sentirías, qué aprenderías de ella… etc.
Si al principio te cuesta un poco, no te preocupes, con la práctica, cada vez te resultará más fácil
Empatía cognitiva, afectiva y somática
También podemos clasificar la empatía atendiendo a si es cognitiva, afectiva o somática.
La cognitiva se produce cuando registramos lo que otra persona puede estar pensando respecto a una situación determinada y cuál es su estado mental.
La afectiva, también llamada emocional, tiene lugar cuando comprendemos las emociones de otra persona y respondemos adecuadamente a ellas.
La somática se produce cuando empezamos a sentir lo que la otra persona está sintiendo. Por ejemplo, cuando ves a alguien que está llorando y te entran ganas de llorar.
Si además de identificarte con los rasgos que hemos visto crees que eres una persona que sabe escuchar, eres considerada con los demás, te preocupa cómo se pueden estar sintiendo los otros, te sientes sobrepasada en grupos muy grandes de gente, tienes un detector innato para los hipócritas y las mentiras, y sientes que los demás se ven tentados a abrirse en confianza contigo, muy probablemente, la empatía es uno de tus puntos fuertes.
¿Crees que es así?, ¿te consideras una mujer empática?
¡Te leo!