comunicación no violenta

Mejora tu vida con la comunicación no violenta

«Todas las desgracias de los hombres provienen de no hablar claro» decía el existencialista Albert Camus. Y llevaba razón. La comunicación determina la calidad de nuestras relaciones y por lo tanto, de nuestra propia vida. Por eso, el proceso de comunicación no violenta que diseñó el psicólogo americano Marshall Rosenberg puede sernos de gran ayuda en nuestro camino hacia la felicidad.

Qué es la comunicación no violenta y cómo puede ayudarte

La comunicación no violenta (también llamada CNV, por sus siglas) se conoce como el lenguaje de la compasión, aunque en realidad es más un proceso que un lenguaje en sí. O sea, que importa más la intención que los términos elegidos.

Hace poco leí el libro ‘Comunicación no violenta. Un lenguaje de vida» y quedé fascinada por la lógica y la eficacia del proceso que presenta. De hecho, el autor lo ha usado con éxito en situaciones de conflicto (barrios marginales, comunidad palestino – israelí) donde una negociación efectiva y justa parecía imposible.

La CNV fue desarrollada por Rosenberg en la década de los 60. Se basa en la idea de que todas las personas tenemos la capacidad de ser compasivas. Sin embargo, existen patrones automatizados y aprendidos de nuestra familia y cultura, que nos llevan a un uso sistemático de una comunicación violenta (que hace daño a otros)

La CNV nos enseña a romper el patrón, conectando con nosotros mismos y con los demás durante el intercambio de mensajes. Sin duda es una lectura imprescindible para todos aquellos que se dedican a trabajar acompañando personas y emplean la escucha activa (psicólogos, terapeutas, coaches, consultores) Aunque en realidad, creo que si todos leyéramos a Rosenberg y aplicáramos sus enseñanzas, el mundo sería un lugar mejor.

Los cuatro pasos de la CNV

El proceso de la CNV se divide en cuatro pasos:

1º) OBSERVAR: Primero, identificamos qué está sucediendo en realidad para poder expresar lo que estamos observando… SIN EMITIR JUICIOS DE VALOR. Y esto es esencial, porque si convertimos la fase de observación en una crítica clara hacia la otra persona no va a funcionar. Debemos ser todo lo objetivas y neutrales que podamos.

2º) COMUNICAR SENTIMIENTOS: Una vez hayamos aclarado qué es lo que observamos que sucede, pasaremos a comunicar cómo nos sentimos respecto a lo que está sucediendo.

3º) COMUNICAR NECESIDADES: Seguidamente, explicaremos qué necesidades nuestras tienen una relación directa con los sentimientos que hemos identificado.

4º) REALIZAR UNA PETICIÓN: Para terminar, plantearemos a la otra persona una petición muy específica.

Por ejemplo, si yo pienso que mi pareja me dedica poco tiempo porque se enfoca excesivamente en su trabajo, en lugar de reprocharle que parece que no me quiere porque nunca está disponible para hacer cosas juntos, siguiendo el proceso de la CNV podría comunicarlo así:

1º observaciones: He observado que llevamos un mes entero sin salir a cenar juntos y que la semana pasada solo compartimos una tarde.

2º sentimientos: Esto me hace sentir triste porque disfruto mucho de tu compañía y te echo de menos.

3º necesidades: Necesito poder pasar más tiempo en pareja para sentirme segura y amada y disfrutar de la relación.

4º petición: ¿Te gustaría que empezáramos a planear una salida especial cada fin de semana?

Es un ejemplo ficticio, pero se entiende la idea.

Siguiendo este proceso, debemos ser capaces tanto de comunicar lo que nos sucede, como de escuchar a la otra parte. Y con honestidad y transparencia, lograremos una conexión basada en la empatía, por lo que nadie se sentirá atacado y será más sencillo llegar a una solución.

Parece sencillo, pero una vez empiezas a tomar conciencia te das cuenta de cuáles son tus automatismos y los vicios que has adquirido al comunicarte 😅 Y es revelador. Realmente tenemos mucho que desaprender.

¿Estás de acuerdo conmigo en esto?. ¿Conocías la comunicación no violenta?. ¿Crees que la usas en tu día a día?

¡Te leo! Y me encantará recibir recomendaciones tuyas 😉

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