Al rescate de Casandra

El complejo de Casandra resulta revelador para todas las mujeres, pero estoy convencida de que lo van a encontrar especialmente significativo las emprendedoras dedicadas a ámbitos relacionados con lo intangible, como la espiritualidad o el desarrollo personal. 

La historia de la princesa troyana manifiesta la falta de estima que se le ha concedido a determinados atributos femeninos, en una sociedad que tiende hacia la hipermasculinización de los valores. Así, todo lo que tiene que ver con la intuición, la creatividad y la empatía, ocupa un segundo plano si lo comparamos con el pensamiento empírico y racional. 

Y es que hace ya mucho tiempo que empezamos a desconectar del instinto y la sabiduría del cuerpo, por priorizar la búsqueda frenética de la productividad, el individualismo extremo y el éxito a cualquier precio.

La historia que nos cuenta Homero

Pero volvamos a la leyenda de Casandra…

La hermosa princesa de la ciudad mítica era pretendida por Apolo, quien en sus intentos por seducirla, le ofrece el don de la clarividencia. Casandra aceptó el regalo, pero decide rechazar a Apolo, una terrible afrenta que desató la furia de la deidad.

Así que como venganza, Apolo maldice a Casandra y la condena a que ninguna de sus predicciones sea tomada en consideración. De tal manera, que todo aquello que Casandra vaticinaba, pese a ser certero, no tenía ninguna credibilidad para quienes la escuchaban.

Con el tiempo, la princesa terminó ganándose fama de desequilibrada y loca, y padeció inmensamente por ser capaz de prever la desgracia (incluyendo la invasión de Troya y su propio perecimiento), y no tener poder ninguno para evitarla.

Un complejo que se refleja en nuestro mundo

La historia de Casandra es tan impactante, que ocupa su propio lugar dentro de la psicología social, tomando forma en lo que se ha denominado ‘El complejo de Casandra’

Este complejo hace referencia al silenciamiento que desde tiempos inmemoriales han padecido las mujeres en la sociedad patriarcal, y que se manifiesta en fenómenos tales como: el largo período transcurrido para la conquista del sufragio femenino, la carencia histórica de derechos para las mujeres, los límites para acceder al poder económico y político, la ausencia de rostros femeninos en los libros de Historia o Arte, e incluso el denominado “efecto Matilda”, que alude a la falta de reconocimiento de la mujer en la Ciencia. Todo ello sin mencionar la cosificación del cuerpo de la mujer, el desnivel salarial, las dificultades de conciliación laboral y la violencia estructural (La realidad es que en determinados lugares del mundo aún podemos hablar de ablación, matrimonios forzosos y compra venta de niñas; mientras que en todo el planeta, seguimos denunciando violaciones y asesinatos machistas a diario)

Y con asombro, contemplamos que el antiguo mito de Casandra refleja de manera asombrosa la realidad social.

Si os fijáis, resulta que es Apolo, el dios del Sol, de la luz de la verdad, la razón, la medicina, la belleza masculina y la perfección, quien condena a Casandra, una pobre mortal, a ser juzgada y rechazada por su habilidad para ver el futuro y escuchar a su sexto sentido. Apreciamos aquí la contraposición de lo racional y tradicionalmente asociado a lo masculino, frente a lo intuitivo y el resto de atributos vinculados a lo femenino. 

Casandra es castigada por negarse a tener relaciones sexuales con Apolo, así que incuestionablemente, aparece la mujer como mero objeto de deseo… Para más inri, una vez se produce la conquista de Troya, Casandra es entregada como trofeo de guerra a Agamenón (de nuevo se comercia con su cuerpo)

Todas hemos sido Casandra

En realidad, Casandra es solo una más que sufre y padece. Es aquella condenada por su belleza (Apolo la maldijo por despecho), la mujer ignorada, desprestigiada, no escuchada… La mujer juzgada e infravalorada por la sociedad. 

Y bueno, puede que ella sea una princesa en un mito, pero todas hemos ocupado un lugar similar alguna vez. En determinados momentos de la vida, todas hemos sentido cómo se opinaba sin ningún tipo de pudor sobre nuestro aspecto físico, cómo se valoraba si éramos suficientemente atractivas – o no lo éramos – cómo se sugería si teníamos el pecho demasiado pequeño o las caderas demasiado amplias… El fenómeno del #MeToo pone en evidencia cómo un sinfín de mujeres de todo tipo y condición han sufrido abusos sexuales en diferentes ámbitos. A todas nos han dicho que somos el sexo débil, que llorar es de niñas o que controlemos la histeria. Nos han enseñado a acallar a la intuición porque el único filtro para la realidad aceptado es el empírico. Han dormido nuestra naturaleza cíclica a base de anticonceptivos y cócteles de hormonas. Nos han tildado de fantasiosas, imaginativas o poco inteligentes… 

Todas hemos sido Casandra alguna vez y por eso la entendemos y nos reflejamos en su tragedia. Pero quizás, ha llegado el momento de rescatar a Casandra… Tal vez va siendo hora de tenderle la mano y decirle que la creemos, que escuchamos su voz, que no es necesario elegir entre razón e intuición o entre masculino y femenino… que podemos tenerlo todo. Y también que ella es importante. Que su mensaje es importante. 

Por Casandra, por ti, por todas… ha llegado el momento en el que debes hacerte oír. 

 

4 comentarios en “Al rescate de Casandra”

  1. Es muy representativo de la realidad de la mujer, no valorar esos dones que naturalmente es de algunas, sin embargo buscamos ser masculinas para ser por fin …creíbles

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  2. Qué rabia me da que todo lo que cuentas sea verdad. Cuánto me gustaría poder decir que no es cierto. Se nos ha aplastado sin miramientos durante siglos.

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